Las Claves de los Expertos

Àurea Rodríguez (Eurecat) insta en La Hora Premium a reforzar los ecosistemas de innovación para sostener la competitividad europea

La directora corporativa de Eurecat analiza en la ponencia ‘Ecosistemas y políticas de innovación europeas’ su papel como motor de competitividad, el avance de Asia en la carrera tecnológica y las prioridades europeas para cerrar la brecha en inversión, talento y transferencia de conocimiento

María José
María José Martínez Modelo
Departamento de Comunicación - Atlas Tecnológico
10-04-2026

La competitividad de Europa depende de su capacidad para construir y escalar ecosistemas de innovación sólidos, una idea que Àurea Rodríguez, directora corporativa de Eurecat, ha defendido al afirmar que la innovación “es el valor que hace que regiones, ciudades o empresas nos midamos por nuestra capacidad de competir”, eje central de su intervención en La Hora Premium de Atlas Tecnológico. Presentada por Pablo Oliete, CEO de Atlas Tecnológico, la sesión, titulada ‘Ecosistemas y políticas de innovación europeas’, ha aportado una visión estructurada sobre el papel de la innovación en el posicionamiento global de los territorios.

Rodríguez ha arrancado con una aproximación práctica desde su propia organización, Eurecat, definida como “un pequeño ecosistema de innovación” que actúa como puente entre tecnología y empresa. Eurecat, ha explicado, trabaja mayoritariamente con pymes y opera como un agente que “no vende tecnología, sino que soluciona problemas”, una idea que resume el papel de los centros tecnológicos en la transferencia de conocimiento. Con más de 15.000 proyectos ejecutados y una fuerte implantación territorial, su actividad refleja la estructura económica catalana y demuestra cómo la innovación se construye desde lo cercano hacia lo global.

Ese enfoque ha servido como base para escalar el análisis al contexto internacional. Rodríguez ha subrayado que dos de los tres pilares que miden la competitividad de un país dependen directamente de la innovación, lo que convierte este factor en el verdadero termómetro del desarrollo. En este sentido, ha destacado que la posición de España está situada por debajo de su peso económico en los rankings globales.

La ponente ha definido los ecosistemas de innovación a partir de tres elementos fundamentales. El primero es el conocimiento, vinculado al talento y a la capacidad investigadora. El segundo es la capacidad de convertir ese conocimiento en actividad económica, desde startups hasta nuevas cadenas de valor. Y el tercero es el propio ecosistema, entendido como la red de relaciones que multiplica el potencial individual de cada actor. “El mix es conocimiento, capacidad de innovación y cómo esto se recircula”, ha explicado, y ha destacado el valor de la colaboración como rasgo diferencial.

En este contexto, la geografía de la innovación vive un desplazamiento progresivo hacia Asia. Rodríguez ha mostrado cómo China ha reforzado su posición a través de una estrategia sostenida de inversión en investigación, generación de patentes y formación de talento. “Han ido poco a poco invirtiendo en innovación y creando un ecosistema tecnológico propio”, ha destacado, y ha descrito cómo ese modelo ya compite de tú a tú con Estados Unidos en ámbitos como la inteligencia artificial.

Sexta ola

La actual etapa tecnológica, que la experta sitúa en la sexta ola de innovación, está marcada por la convergencia entre inteligencia artificial, robótica y sostenibilidad. La clave, señala, reside en la combinación de estas tecnologías, capaces de transformar industrias completas y generar nuevas oportunidades. El crecimiento exponencial de compañías vinculadas a la inteligencia artificial ilustra esta dinámica, impulsada por inversiones sin precedentes y por una cadena de valor basada en datos, capacidad de procesamiento y desarrollo algorítmico.

Europa, sin embargo, parte de una posición más compleja. Rodríguez ha identificado varios retos estructurales, desde la dependencia tecnológica exterior hasta los costes energéticos o la dificultad para retener empresas innovadoras. “Somos capaces de generar innovación, pero no de retenerla”, ha asegurado, en referencia a la fuga de startups hacia otros mercados con mayor acceso a financiación.

La respuesta europea se articula a través de la llamada ‘Brújula de la competitividad’, una hoja de ruta que prioriza la reducción de la brecha innovadora, la descarbonización y la autonomía estratégica. Según Rodríguez, la Comisión Europea está ejecutando estas líneas con un enfoque cada vez más operativo, apoyado en instrumentos financieros y en la creación de ecosistemas industriales en ámbitos estratégicos como las tecnologías digitales, limpias y biotecnológicas.

Más allá de las políticas, la ponente ha insistido en la necesidad de una visión definida sobre las capacidades propias de cada territorio. Aquí, la especialización emerge como condición para competir en un entorno global cada vez más exigente. “Cuando eres pequeño, tienes que apostar por algo en lo que puedas crear un ecosistema que funcione”, señala, y ha recordado el caso de Reus como ejemplo de desarrollo progresivo en torno al ámbito agroalimentario.